1 jun 2012

Dulce hogar

     Tiemblo. Tu presencia me hace temblar de arriba abajo estremeciendo de placer mi cuerpo. Mis piernas son una mecha ardiendo que conducen tu fuego a mi sexo para hacerlo estallar en él. Solo un pensamiento y mi vientre se transforma en un horno, donde se funden las perlas de la lujuria, transformándose en fluido, ese fluido que te gusta ver derramarse por mi coño caliente. Te espero en la habitación, recostada en la cama, con ese picardías que tanto te gusta. Solo el picardías. Un tirante caído descuidadamente deja ver parte de mi pecho. Sé que estás cerca, te metes en mis pensamientos, siento tu fuego prendiendo mi fuego. El sonido de la llave entrando en la cerradura eriza completamente mi piel, un leve gemido se escapa de mi boca.
- Al fin llegué, ¡vaya mañanita! ¿Dónde estás?
 - ¡Arriba cielo!
     El cambio en la expresión de tu rostro, de tedio a lujuria, merecía mil esperas. Dejas caer tu bolso, te quitas rápido tu camiseta al tiempo que sacas los zapatos de tus pies. No atinas con la correa y los dos reímos. Tus manos no pueden seguir el ritmo de tus pensamientos. Te acercas a la cama por los pies, apoyando tus manos y subes tus rodillas. Avanzas a gatas como un predador al acecho de su presa. Agarras mis tobillos y tiras de ellos ligeramente, abriendo un poco más mis piernas. Tus manos suben, acariciando mis muslos y tu boca se acerca a mi sexo. Siento tu aliento y me estremezco. Me miras, mientras me rodeas, disfrutando de la expresión de mi cara y excitándote con mis ansias de ti. Subes, desplazando la tela y mojando mi cuerpo con la saliva de tu boca. Tu meta son mis pechos. Mis pezones se endurecen a medida que te acercas a ellos. Los chupas, succionas, juegas con tus dedos, mientras yo enloquezco. Sigues subiendo, por mi cuello hasta mi boca. Tiras del picardías hacia arriba. Nos besamos con pasión, casi devorándonos. Tu cuerpo descansa ligeramente sobre el mío, tus manos, perdidas en mi pelo, sujetan mi cabeza. Me voy derramando para ti. Te despegas de mí, acercando tu polla a mi coño húmedo. Está dura, gimo de ansia de ti. Apoyando tus rodillas, vas avanzando arrastrando tu miembro por mi piel, siguiendo el eje de mi cuerpo, hasta mi boca. Rozas mis labios, te acaricio con la punta de mi lengua, te alejas un poco y regresas. Te gusta verme desearte, llevarme al límite, deshacerme por ti. Mis manos se acercan a tu culo despacio, simulan una caricia; de pronto agarro fuerte tu carne y alzo mi cabeza metiendo tu polla en mi boca. Oh! Tu sorpresa derrama una gotas que se mezclan con mi saliva. Siento como palpita y me excito aún más. Disfrutas la humedad de mi boca, las caricias de mi lengua, la presión de mis labios estirando tu piel …dentro, fuera… Sales de mi boca, regresas deshaciendo el camino. Acerco mis manos a mis pechos y los junto atrapándote justo cuando pasas entre ellos. Te masturbas, la siento dura, muy dura y caliente…Gimes. Me agarras por las muñecas y subes mis brazos por encima de mi cabeza. Sin soltarme, vas resbalando hasta alcanzar mi coño. Me rozas con la punta de tu polla, acariciando mis labios. Tus ojos no se apartan de los míos. – Voy a follarte, nena.- Tu polla entra en mí entera, y sale y vuelve a entrar…dentro, fuera, otra vez…Tu ritmo me enloquece, mis caderas te buscan, te dejan hacer. Gimo fuerte, me consumo en tu fuego, estoy chorreando. Quiero agarrarte pero tú sigues sujetando mis manos. Mis pechos tiemblan con tus embestidas, mi espalda se arquea, mis pezones te llaman. Tu boca se traga parte de mi teta, me devoras. Tus labios y tu lengua se mueven de un lado a otro sin parar, saboreándome. Pasas de uno a otro convulsivamente mientras gimo cada vez cada más fuerte. – No pares, no pares…- Mi voz suena distorsionada por los gemidos. Tu boca no para, tu polla tampoco. Entra, sale…haces círculos con tus caderas…-¡ Más fuerte!¡Más!...Mmm! ¡Voy a correrme! Aaahhhhhhhhhh! Ooohhhhhhhhh! Siento tu fluido correr dentro de mí, derramándose mezclado con el mío. Descansas sobre mí, liberando mis manos. Te abrazo, con mis brazos y mis piernas. No quiero que salgas de mí.

      Cada día, esperaré tu llegada en mi cama.

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