La ciudad de los rascacielos, al fin estamos en ella. Hacía tanto que deseabas este viaje. Puedo reconocer todos los edificios solo de oírte hablar de ellos, de su historia, de su arquitectura…Pasión por el paisaje urbano. No has querido ir en metro para poder disfrutar de tu primera visual de la ciudad desde el autobús. Al fin llegamos a nuestra parada, solo unas manzanas nos separan del pequeño apartamento que has alquilado. Me siento pequeña. La altura de los edificios da vértigo con solo mirar hacia arriba, no puedo imaginar la sensación de mirar hacia abajo desde todo lo alto. Te ríes al escucharme. – Pronto vas a descubrirlo.- Mis ojos se abren de susto. -¿En qué planta está nuestro apartamento?- En la última.
Llegamos al portal. La gran puerta de cristal deja entrever el espacioso recibidor. Algunas palmeras de interior y un gran cuadro de arte abstracto dan calidez al ambiente. Al fondo, los ascensores. Nos dirigimos a ellos. Me preguntaba cuanto tardaríamos en recorrer las 96 plantas del edificio. Pulsas el botón y se abren las puertas de uno de los ascensores. Entramos, las puertas se cierran automáticamente. Buscas el botón de nuestra planta y mientras lo pulsas me miras con una sonrisa maliciosa. Empiezo a entender porqué has escogido la última planta. Sin dejar de mirarte, me giro apoyando las manos en la pared; me inclino despacio, ofreciéndome a ti. Tus manos se cuelan por debajo de mi minifalda y tiran hacia abajo de mi tanga. Lo guardas en tu bolsillo. Apoyo mi pie sobre la maleta tumbada, usándola de escalón. Bajas rápido tus pantalones y tus slips, rodeas mi cintura con tu brazo izquierdo, mientras tu mano derecha agarra tu pene y lo acerca a mí. Te inclinas sobre mi oído y me susurras: para ti... Y entras en mí, sin dejar de moverte, una y otra vez, dentro, fuera, aumentando el ritmo mientras me voy extasiando. Siento tu calor y gimo de placer. – Más, más…- Aumentas el ritmo, fuerte, intenso, salvaje, tiras de mi cintura hacia ti al tiempo que empujas, entras por completo en mí y adoro sentirte tan dentro. Gimo, siguiendo la ola de calor que se va formando en mi cuerpo y que me derrite a ti. Sigues moviéndote, tu ritmo es casi frenético, me haces enloquecer, más, más, más…Aaaahhhhh!!!....Ooohhhh!!!.... Me abrazas un instante. Aún quedan algunos niveles por subir. Te vistes rápido. La alarma avisa de la llegada a la planta. Un par de chiquillos compartiendo sus golosinas esperan en el rellano, junto a sus abuelos. Al abrirse las puertas entran corriendo, esquivándonos. Salimos, con la respiración aún entrecortada y nuestros rostros encendidos. La sonrisa del anciano le hace rejuvenecer su mirada. Un guiño de complicidad cierra las puertas.
La vista desde la terraza del piso es espectacular. Tengo la sensación de poder tocar las nubes solo con alargar la mano. Me miras, feliz, y me abrazas; jugamos juntos dejando volar nuestra imaginación con las formas que dibujan a nuestros ojos las masas vaporosas. Te gusta mimar a la niña que llevo dentro, tanto como seducir a la mujer. Volvemos al interior, deshacemos las maletas y aliviamos el cansancio del viaje con una ducha. La ciudad nos espera.
- ¡Estoy molida! ¡Menuda caminata!
- Sí, ha sido un buen paseo. ¡Y una buena cena!
- Sí, el restaurante era fabuloso. ¿Salimos a la terraza un rato?
Tumbada en el diván, el cansancio se va desvaneciendo. Observo el cielo lleno de estrellas, tú no separas tus ojos de mí. Sonríes. Descalzas mis pies cuidadosamente y, apoyándolos en tus rodillas, empiezas a masajearlos. Mmmm… Pareces un artista modelando tu obra: tu expresión concentrada, llena de ternura, tu cabeza ligeramente inclinada, entregado completamente, sintiendo con tu cuerpo y tu alma cada movimiento de tus dedos, el contacto con mi piel. No puedo dejar de mirarte; mi corazón se desborda de amor por ti. La presión de tus dedos se hace más ligera, tus movimientos se van volviendo caricias que envuelven mi forma. La relajación de mi cuerpo se transforma en excitación. Adoro sentirme en tus manos, bañarme en el mar de placer que creas para mí. Tiras de mi vestido hacia arriba, dejándolo caer a un lado. Tumbado sobre mí, mantienes mis brazos por encima de mi cabeza, acariciando mis manos, mientras me besas. Besas mis ojos, mi nariz, mis mejillas, mi boca. Tus besos me saben a miel y a canela. Bajas por mi cuello, me acaricias con tu aliento y avivas mi fuego. Tus manos bajan acariciando mis brazos, hacia mis pechos; los acaricias, con tus manos y tus labios, arrancándome mis primeros gemidos. Mi espalda se tensa. Acerco mis manos a tu cabeza y me pierdo en tu pelo. Lo acaricio y te sujeto suavemente. Mmmm… más! no quiero que te vayas, quiero seguir alimentándote, mis pezones se endurecen para ti. Sigo acariciando tu pelo entregada a ti. Siento como te excita mi placer y mi piel. Mis manos se cuelan por debajo de tu camiseta, desplazándola hacia arriba, mientras disfrutan de tu anatomía. No veo el momento de quitarla, porque implica separarte de mi. Al fin tiro de ella y acaba encima de mi vestido, tela con tela, piel con piel. Engancho tu mirada mientras mi mano entra por el espacio libre entre tu cintura y tu pantalón. Te acaricio, excitándome con tu calor y tu volumen, mientras desato tu cinturón y desabrocho tus pantalones. Te sigo acariciando, acerco mis labios a los tuyos, rozo tu boca, vas a besarme pero no te dejo, me retiro un poco, lo justo para seguir rozándote, lo justo para seguir creando deseo. Tiro de tus pantalones y de tus slips al mismo tiempo, salgo de debajo de ti, girándome, para poder liberarte de tu ropa. Tiro despacio al principio, disfrutando la vista de tu sexo, acariciando tu piel con el propio tejido. Te quiero dentro de mí. Voy subiendo por tus piernas, acariciándote, con la mirada fija en el objeto de mi deseo. Acerco mi boca, pero tú te giras colocándote de nuevo encima. Ahora eres tú quien provoca mi deseo. Tus labios recorren mi vientre, tus manos me quitan mi tanga, tu lengua despierta mi lujuria cuando alcanza mi sexo. Mi espalda se arquea, mi cabeza se inclina hacia atrás; la vista de las estrellas y la brisa de la noche me hacen sentir lasciva. Gimo intensamente, tus caricias me enloquecen. Te excita ver como mi cuerpo se contonea, escuchar mis gemidos, mojar tu boca con mi fluido. Notas mis espasmos y te adaptas a mi ritmo, estoy a punto de correrme pero no quiero hacerlo sin ti. ¡Fóllame!¡Fóllame! Intento apartarme pero no me dejas, insistes, metiendo tu lengua, no puedo aguantar más. Subes rápidamente. Mmmmm! Mi gemido muere en tu boca mientras me penetras; me sostienes, con tu movimiento, en mi cresta. Placer infinito que desborda mi cuerpo y aturde mi consciencia. Sigues moviéndote, te siento profundamente llenando todos mis sentidos, llenando mi vientre con tu placer. Poseída por ti, solo puedo gemir y arquear mi cuerpo una y otra vez. Mis uñas se clavan en tu espalda, mis piernas se enlazan en tu cintura, te pegas a mi moviéndote en círculos, siento tu calor mezclándose con el mío. Más ritmo, dentro, fuera, otra vez, más, más, estoy chorreando, más, mas rápido, más fuerte, gimes, te agarras a los bordes del diván para empujar más fuerte, más, más ¡más! Oooooohhhhh!,,,,Aaaaaahhh! Inundada de ti, te abrazo fuerte mientras te beso. Mis piernas aún están enlazadas en tu cintura, no quiero soltarte, no quiero que salgas de mi.
Solo tú eres capaz de llevarme del cielo al infierno y del infierno al cielo. Solo a ti dejo mi cuerpo y mi alma sin temor ni reservas. Te amo tanto como te deseo y te deseo tanto como te amo. Quiero vivir en tu infierno, y en tu cielo, morir.
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