No era su primera salida ni su primer paseo por la playa, pero esa noche algo les hacía sentirse diferentes. Tal vez fuese el brillo de la luna llena, o la proximidad del fin de las vacaciones…quien conoce los misterios que lleva a un corazón a enamorarse. Paseaban, como tantas otras noches, por la orilla del mar, compartiendo sueños, planes para el invierno, recuerdos de su tiempo juntos. Charlaban distraídos en su conversación, mientras el halo del deseo los iba envolviendo silenciosamente, esperando el momento apropiado para hacerlos estallar.
Detuvieron su paseo. El río de plata que la luna formaba en el mar atrajo su atención. Lo miraban como hipnotizados. Una ola cubrió sus pies al tiempo que él acercaba su mano a la de ella. Era la primera vez que cogía su mano. Continuaron su paseo, en silencio. En su interior cada uno iba despertando a la realidad de su deseo. ¿Cómo no se habían dado cuenta antes? Los corazones empezaban a latir con más fuerza… Sus pasos los condujeron como un piloto automático a su rincón, ese rincón resguardado de miradas furtivas donde tantas noches habían estado mirando al cielo recorriendo las constelaciones y sus estrellas, esperando poder pedir su deseo a la esquiva estrella fugaz. Se sentaron sobre la arena fina y volvieron sus ojos al mar. Esta noche no miraban las estrellas, el rio de plata les había descubierto otro cielo. Sin darse cuenta, ella reclinó su cabeza sobre el hombro de él; él la rodeó con su brazo. Seguían en silencio, mirando al mar, mientras sus cuerpos empezaban a sentir los efectos del anhelo de su corazones. Haciendo un esfuerzo para controlar el temblor de su mano, la acercó a la barbilla de ella y le levantó la cara. Sus miradas se encontraron y la llama del deseo prendió los ojos de ambos. La besó, despacio, con timidez. Ella se dejo besar y siguió su beso. La timidez fue desapareciendo dando rienda suelta a la pasión.
Beso a beso, caricia a caricia, fueron liberándose de su ropa. Se iban descubriendo uno al otro, recorrían las constelaciones de su cielo aprendiendo sus estrellas. Ella se entretuvo en el ombligo de él, la línea de vello que descendía hacia el pubis era un camino que la conducía a un nuevo universo de placer; él recorría la redondez de los pechos de ella siguiendo el sonido de las olas del mar. Sus cuerpos se iban tensionando, su respiración se aceleraba, salían de sus bocas los primeros gemidos…Giraban sobre la arena, intercambiando sus puestos, pasándose el uno al otro el testigo del control. Se susurraban al oído alimentando su deseo, deseo que los iba quemando…
- Voy a saborearte, le dijo ella al oído.
Y viajó con sus labios húmedos por el espacio que la llevaba a aquel universo desconocido. Jugó con sus pezones, satélites perdidos en aquel espacio, los chupaba, los lamía… alcanzó el agujero negro de su ombligo y esquivando la atracción con un rodeo fue dibujando con su lengua un rastro hacia su meta. Bajó por la ingle, y aterrizó en un nuevo planeta. Fue explorando su superficie, recorriéndolo con su lengua. Lo lamía suave, disfrutando el placer que emanaba de ambos. Era un planeta extraño, vivo.. Sentía como se calentaba, como se endurecía… Quería saber más. Lo metió en su boca, lentamente, hasta el fondo, lo sacó, haciendo espirales con su lengua.. y volvió a meterlo, más rápido. Jugaba con él, cada vez más intensamente, rozando con sus dientes, moviendo su lengua, dentro, fuera…Se excitaba al ritmo de él, se notaba húmeda… Quería tenerle dentro. Subió al oído y le susurró: Hazme tuya… Un remolino de pasión los envolvió a ambos. El se giró, se puso encima de ella, buscó la puerta hacia el nuevo universo, pero no entró. Se quedó justo delante, piel con piel, rozándose suavemente. Ella gemía con ansiedad, le deseaba, deseaba sentirle dentro llenando su mundo. Él alimentaba sus ansias rozando con su glande sus labios íntimos. La besaba, con pasión, mientras jugaba con sus pezones; los gemidos de ambos morían en la boca del otro. Se dirigió con sus manos hacia las axilas y empujó suavemente los brazos de ella por encima de su cabeza, los iba acariciando hasta alcanzar sus manos. Fue entrelazando sus dedos con los de ella mientras la penetraba lentamente. Una ola de placer recorrió sus cuerpos. Ella gemía intensamente mientras sentía como iba entrando, como se abría paso dentro de ella. Su espalda se arqueaba, sus piernas se abrían…se iba llenando de él, y se extasiaba. Él le susurraba al oído: ya eres mía, ahora voy a ser tuyo… Se movía despacio, entrando y saliendo de ella, masajeando su interior. Aumentaba el ritmo, lo bajaba, seguía las olas y las remontaba. Sus dedos seguían entrelazados. Cada vez era más difícil bajar el ritmo, cada vez era más intenso el deseo. La besaba, chupaba sus pezones y seguía moviéndose cada vez más rápido presa de la pasión. Notaba la dureza y la tensión de su pene, mojado por la humedad de ella. Notaba los espasmos de placer que producían en ella su movimiento. Se sentía envuelto, atrapado en un agujero de gusano que lo transportaba a un universo de placer infinito. Gemían, a veces gritaban. Ella amoldaba sus caderas a él, atrayéndolo hacia sí. No quería que aquella sensación terminase nunca. – Dame más- le decía entre gemidos, y él aumentaba el ritmo y chupaba sus pezones. - Mmmm… Sigue así, así, ¡vuélveme loca de deseo! – Y él la chupaba, la besaba y se movía dentro de ella con más intensidad. Le excitaba el placer de ella, alimentaba el suyo…Más ritmo, más, más, más, más, más…El calor era intenso en su polla. No podía más. Se acercó a su oído: voy a derramarme, nena, soy todo para ti. Ella gritó: ¡siiii!... Siguió moviéndose, dentro, fuera, hasta que su calor explotó y expandió su semen sembrando de estrellas el universo creado. Ahhhh!
Su orgasmo fue la explosión de una supernova de la que nació un nuevo universo, su universo.

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