25 may 2012

Verano

Mmmm…. ¡Verano! Una de mis estaciones favoritas. Mar, sol, tiempo libre… ¡Y calor! Hoy el día es especialmente caluroso. Las calles están casi vacías, el asfalto parece evaporarse, creando un efecto óptico muy peculiar. Los pocos que no tienen más remedio que estar en la calle caminan despacio buscando el refugio de la sombra que los edificios proyectan. El trabajo se ha hecho más pesado, todo está hoy lento por efecto del calor. Menos mal que terminó la jornada. Ahora, el almuerzo, una comida ligera y fría, imposible encender hoy fuego para cocinar. Solo de pensarlo me derrito de calor. Ni siquiera el agua de la piscina estará hoy fresca.  De todos modos, un remojón antes de comer irá bien. Y luego, ¡la siesta!
Dormito, sin llegar a profundizar en mi sueño, el sopor me lo impide. Empiezo a sentir sed. Medio dormida, me levanto por un poco de agua fresca. La camisola está pegada a mi cuerpo, mojada por mi sudor. La dejo en el cesto de la ropa y abro la nevera en busca del refrescante líquido.  Mmm…una ola de frescor barre mi cuerpo húmedo y acalorado, no me movería de allí. Cojo la botella  de agua y la cubitera y  me sirvo un vaso bien grande. Me vuelvo a mi sofá, necesito estar tirada un rato más para poder espabilarme.
Recostada, voy bebiendo despacio. Entre sorbo y sorbo, acerco el vaso a mi frente, a mis mejillas, a mi pecho. El frescor dura poco tiempo. Solo queda un poco de agua y algunos pedacitos de hielo. Sonrío. Inclino el vaso despacio, el agua resbala por mi piel, desde el pecho, creando finas y refrescantes líneas que corren por mi torso desnudo.  Suspiro… Las pequeñas líneas de agua han refrescado el calor estival, pero han generado otro calor, un calor del que no quiero huir, un calor que me lleva a  ti. Vuelco el vaso un poco más y dejo caer uno de los pedacitos de hielo.  Cierro los ojos y siento como va resbalando por mi piel, derritiéndose, dejando tras de sí un refrescante sendero de agua. –Déjame beberte- Tu susurro me saca ligeramente de mi ensueño. Has llegado sigiloso, atraído por mi deseo de ti. Mirándote  a los ojos, vuelco el resto de agua  y pedacitos de hielo que quedaban en el vaso, lentamente, sobre mí. El agua corre por encima de mi piel formando refrescantes caminos, mientras debajo de ella se forman ríos de fuego que alimentan más y más mi deseo. Extraño contraste de sensaciones que me llevan a ti. Todo me lleva a ti. Gimo cuando tus labios se pegan a mi cuerpo, siguiendo los regueros de agua que el hielo ha dejado tras de sí. Gimo aún más cuando tu lengua recoge las últimas gotas de ese reguero, barriendo mis pechos, mis pezones… y pierdo el control cuando alcanzas mi sexo, después de recorrer mi torso entero.  Te deleitas, disfrutas de mi tanto como yo de ti. Tu boca deposita en mí tu placer; lo siento en la forma en que recorres mis labios, saboreando cada centímetro, acariciando, succionando, penetrándome con tu lengua, extrayendo mi esencia, alimentándote de ella. Mmm! Agarro fuerte tu pelo sujetando tu cabeza cerca de mí, mi cuerpo se arquea poseído de placer, tus manos agarran mi culo atrayéndome hacia ti. Me tienes completamente rendida, te siento completamente entregado…  Me derramo para ti… ¡bebe! Aaahhhh!... Deslizas tu lengua recogiendo hasta la última gota de mí, no quieres que me relaje, me mantienes en mi ola. Asciendes por mi cuerpo, dejando descansar el tuyo ligeramente sobre el mío. Nuestros rostros están transformados: lujuria, lascivia…Miradas enganchadas que no quieren dejar de sentir…Tu pene roza mis labios, lo siento palpitar. Inclino mis caderas invitándote a entrar, aún estás más cerca, más palpitante. Un gemido se escapa de mi boca, casi como una súplica: fóllame. Pero no lo haces, me rozas con tu polla y me miras, lo deseas tanto como yo pero quieres más deseo, más lujuria…Me besas lento, conteniendo tu ganas. Beso con sabor a mí que estremece mi cuerpo.  Bajas a mi pecho, quieres jugar un poco más. Mi pezón entra en tu boca, gimo intensamente, sigues rozándome con tu polla, ahora húmeda de ti y de mí. – ¡Fóllame!- mi voz suena distorsionada, apenas se distingue de un gemido. Subes a mi oído: ¡hasta enloquecer! Me penetras despacio, mientras los dos gemimos. Empujas todo lo que puedes y das rienda suelta a tu pasión. Entras y sales una y otra vez, te mueves en círculos, embistes fuerte, cada vez más rápido, más intenso. Mi cuerpo está completamente tensionado, el tuyo está fuera de control. – Mírame, quiero ver tus ojos – Te miro y tus ojos me envuelven en tu fuego. – No pares- te suplico, - ¡dame más, más!-  Sigues moviéndote, casi convulsivamente, sin apartar la vista de mí. Te agarro fuerte el culo, mis uñas se clavan en tu carne, mis piernas se doblan aún más abriéndome a ti. Sigues tu movimiento, siguen los gemidos, más calor, más fuego…- Voy a correrme- Córrete, córrete… Te mueves aún más rápido,  más, más… Mmmm!.... Aaaahhhh!.....   Nos abrazamos, completamente mojados, calientes, jadeando.
Si pudiera detener el tiempo lo detendría ahora, unida a ti, sin despertar jamás.





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